La Inestabilidad sistémica
(Grupo de Intercambio CIEMB)
La idea central de este texto es lo que he
denominado inestabilidad sistémica, como rasgo principal de la situación
concreta e inmediata que se está viviendo en el mundo y que abarca a todos los
continentes. Esta inestabilidad proviene de distintos ámbitos y de problemas
que, aunque pueden ser distintos, están todos entrelazados.
¿Qué rasgos
son los que dan este carácter? ¿Qué etapa está viviendo esta inestabilidad?
¿Si se habla
de inestabilidad es porque se tiene como patrón de comparación algo que antes
era más estable?
Pregunta: ¿La inestabilidad sistémica
responde a la evolución del capitalismo?
Existiendo una base dominante de una economía
capitalista global no se habían producido hechos de características tan fuertes
que estremeciera al sistema desde la revolución rusa y la debacle del 29. Uno
de ellos ocurrió con la crisis económica de 2008/2009. Esto hizo estremecer las
bases teóricas y los resultados prácticos de este modelo. Pero, no hay que
esperar que algo fracase para que se produzca un cambio. No hubo un reemplazo inmediato
en el sistema, pero fue evidente que sufrió un gran golpe. Y el segundo es la
guerra Ruso Ucraniana que vino a introducir una ruptura y desafió al dominio
unipolar del bloque occidental que da sustento económico, financiero, cultural,
comunicacional militar a una globalización regida bajo el interés dominante de
Washington, Londres y sus catedrales ordenadoras: el Banco Mundial, el Foro de
Davos, el FMI y su sacrosanto brazo armado: la OTAN
Alan Greenspan, el
que fue por décadas el responsable de la Reserva Federal en Audiencia en el
Congreso de Estados Unidos, el año 2008
y a requerimiento del representante Henry A. Waxman en el Capitolio,
expresó lo siguiente:
“He encontrado una
falla. No sé cuán significativo o permanente es. Pero me ha angustiado
mucho ese hecho”. Waxman pidió al expresidente de la Reserva Federal para que aclarase
sus palabras. “En otras palabras, usted descubrió que su visión del mundo,
su ideología, no era correcta, no estaba funcionando”,.
“Absolutamente,
precisamente”, respondió Greenspan. “Sabe, esa es precisamente la razón
por la que me sorprendió, porque he estado yendo durante 40 años o más con
evidencia muy considerable de que estaba funcionando excepcionalmente bien”.
Lo anterior es una
de las pocas expresiones en que uno de los Sumos Pontificios de la Economía
Neoliberal, cuestiona los fundamentos de su visión ideológica de la Teoría
Económica que conduce el Mundo como un gran casino protegido por el dominio
occidental. La derrota del Socialismo en términos históricos y geopolíticos
tras el derrumbe de la URSS permitió que la globalización capitalista, se
extendiera con ese enfoque por todo el mundo. Alterando para siempre la
estabilidad relativa que la coexistencia de dos sistemas antagónicos que
convivieron en una paz precaria basada en la amenaza de una destrucción
mutuamente garantizada.
La victoria del
capitalismo occidental neoliberal, dominante y agresivo, termino por configurar un mundo unipolar,
sujeto a la voluntad inconmensurable de Washington, la Otan y sus instituciones
financieras
La salida de ésta situación de crisis global
y amenaza a la vida y la vuelta a una cierta estabilidad es muy difícil
preverla, y decir que nueva realidad prevalecerá, es algo no podemos definir en
un mundo global en crisis y enfrentamiento.
Desde un punto de vista de la disputa de la
hegemonía global, el gran fenómeno que está surgiendo es la aparición de China
como la nueva gran potencia. El fenómeno económico de China radica en que ha
sido la rapidez con que ha crecido esa economía. Se parece al desarrollo que
tuvo Japón de fines del siglo 19 y el de países más chicos, como Corea del Sur,
Singapur, Hong Kong, Taiwan, Indonesia y a posterior Vietnam e India. Pero, el
caso chino es el más espectacular, con tasas de crecimiento del 10% por largos
períodos.
China hoy crece sobre el 4- 5%, lo que sigue
siendo increíble, y muy superior a los Estados Unidos y Europa occidental. La
URSS tuvo también un período de crecimiento importante. Los países socialistas
de Europa del Este crecieron y se recuperaron tras la segunda guerra mundial
que ocurrió a diferencia de Estados Unidos en sus territorios. La URSS, dio
muestra de agotamiento de su economía a fines de los años 60 del siglo pasado.
La tasa de crecimiento que era antes de 7 u 8% bajó a menos del 4%. El peso de
la carrera armamentista en el caso soviético fue un lastre obligado en medio de
una disputa global con occidente que incluyo siempre la posibilidad de un
enfrentamiento militar.
Con independencia de la aparición de China,
todas las fuerzas políticas importantes están agitadas, sujetas a la
inestabilidad. El proceso de crecimiento y desarrollo de la India y la
detención del proceso de declive de Rusia tras el fin de la URSS, han creado
nuevos centros de poder, al menos de alcance regional, que inevitablemente
ponen en jaque la subordinación al dominio unipolar occidental. El ciclo de los
gobiernos progresista y de izquierda en la región Latinoamericana en la primera
década de este siglo, con su consiguiente retroceso en los gobiernos de Piñera,
Macri, Cerda y Bolsonaro y su nuevo auge con los gobiernos de López Amador,
Petro, Castillo, de Lula da Silva y Gabriel Boric, son parte de esta búsqueda
de caminos distintos para nuestros pueblos.
Es imposible referirse a esto sin hacer
mención de los procesos de levantamientos populares en Chile, Ecuador y
Colombia. Las tensiones acumuladas en sociedades regidas por Neoliberalismo
dominante han generado a partir de la concentración de la riqueza y la
continuidad de la desigualdad social amparada por gobiernos de derecha y el
ejercicio de la represión estatal, respuestas populares que han roto los
márgenes de la estabilidad que en esas naciones se intentaban predicar para la
validez política, económico y cultural de sus sistemas.
Hay fenómenos propios de la globalización que
están cambiando la configuración de los países. Las grandes migraciones sean
consecuencia de las guerras de distintos tipo o la crisis económica crean masas
migratorias millonarias que fluyen a países de mayor desarrollo económico, que
absorben a esos nuevos habitantes documentados o no, como parte del masa
laboral que permite incrementar la fuerza de trabajo bajo condiciones muchas
veces degradantes respecto a las que las leyes y sistemas que en materia de
seguridad social habían construido como estados protectores de cierta garantías
que posibilitaron la cohesión social, cultura y la estabilidad política.
La reacción a esos cambios sociales las hemos
visto en todas partes. El auge de la derecha filo fascista se alimenta del
culto a los valores nacionales, a la composición étnica, religiosa, al rechazo
al cambio de la configuración tradicional, agudizada con el auge de los
movimientos identitarios que han abiertos nuevos derroteros políticos y
culturales que han expandido derechos de minorías segregadas y perseguida
históricamente en la mayoría de las sociedades modernas. Este cambio a escala
societal es también fuente de inestabilidad, no porque lo desee como objetivo,
sino porque produce una reacción en cadena que se puede llamar: el nuevo
fascismo.
Los fenómenos de la ultra derecha en Europa,
su avance cultural y electoral, su dominio en gobiernos en otras partes del
mundo como en Brasil o el pasado gobierno de Trump y la aparición de un
candidato impensado en Chile como Kast demuestran que, en periodos de crisis y
cambio, la sociedad dominante y la cultura e ideología que le es propia,
encuentran su defensa de valores de la estabilidad y orden, del falso
patriotismo, del inconsciente sentido común capitalista construido y promovido
por años por los medios de comunicaciones, del
culto a la libertad económica desenfrenada y su consiguiente egoísmo
consumista, demostrado con todas su dimensión y sombras en los factores
utilizados como propaganda para impedir el triunfo del Texto Constitucional que
reformaría la constitución de Pinochet, son un amargo relato de esa realidad.
Un fascismo de nuevo tipo corroe todas las
estructuras construidas en doscientos años de avance de luchas políticas y
amenaza con destruir conquistas sociales propias de una época de movilización
social, la ampliación de la democracia, revoluciones, el fin del colonialismo,
la emergencia y relevancia de los temas identitarios. Ese fascismo está aquí y
en esta inestabilidad que es le es propia al sistema capitalista como forma de
ajuste económico, encuentra en las guerras de distinto tipo el método de la
ampliación de su poderío militar, económico y comunicacional. Si al fin de la
guerra fría los organismos internacionales pronosticaban el descenso del gasto
militar y los conflictos, ha ocurrido todo lo contrario, la guerra, la
inestabilidad llevada a su máxima expresión ha pasado a ser una cotidianidad y
las intervenciones de los países dominantes, esencialmente occidente, una
herramienta de su política exterior y protección de sus intereses.
Ninguna de las guerras supuestamente humanitarias,
lanzadas por occidente puede entenderse sin comprender el escenario de
conflicto entre Occidente y el Oriente que crece y amplía su relevancia e
influencia. Las guerras de Iraq, Afganistán, Siria, Libia, Yugoslavia, Yemen,
Ucrania no son sino parte de una disputa global planteada esencialmente por
occidente que además busca en cada uno de esos casos y otras crisis regionales
el control de recursos naturales estratégicos.
Los agobios a cualquier forma de
transformación social y política implican la inestabilidad como una estrategia
deliberada de occidente, basada en el bloqueo económico, robo de activos como
las reservas de oro en la banca occidental y amenazas de invasión como los
casos de Cuba y Venezuela, el
lanzamiento de guerras legales a través de la institucionalidad que les son a
fines para destruir avances progresistas en Argentina, Brasil o Ecuador. Es
imposible comprender la internacionalización de los grandes grupos que
promueven el comercio ilegal de dogas, personas y armas sin entender que son
funcionales a este mundo inestable en donde el capitalismo domínate a pesar de
las propias contradicciones de los grupos y miradas que pujan dentro de él, por
imponer agendas belicistas en donde solo cambia el enemigo principal a derrotar
o destruir primariamente, Rusia o China,
pero no se abandona la guerra como una herramienta de la que por lo demás
obtienen jugosos beneficios.
Con cada guerra efectuada con mano propia o con
ajena, la estabilidad global se remece y se produce un proceso donde la riqueza
esencialmente de la economía norteamericana se favorece, traspasándonos todos
los costos de esta gigantesca estrategia de negocios:
Cada vez, en cada conflicto y esto es mayor proporcionalmente
a la gravedad de la amenaza promovida y percibida, la Reserva Federal de los
EE. UU. sube la tasa clave del dólar, la que a su vez es la moneda de
reserva global, lo que significa que esta tasa clave afecta a todas las monedas
del mundo. Entonces el dólar mismo se vuelve más caro, es decir. se vuelve
más costoso pagar todos los préstamos en dólares en todo el mundo, es
decir, tiene que pagar más de sus yenes, pesos, libras, euros o la que sea por
un dólar.
Este proceso provoca inevitablemente que todos los
inversionistas privados alrededor del mundo entran en pánico y también
comienzan a retirar sus fondos de otras monedas e invertir en el dólar,
intensificando este proceso de succión y transferencia de valor y por hoy tras
la guerra de Ucrania y Rusia, las economías de todos los países están cayendo
en una crisis que ha subordinado como protectorado obediente a Europa a los Estados
Unidos y a una espiral belicista de proporciones imposibles de prever.
Pero la lógica, supuestamente racional de los
negocios y del interés privado, esa que Greespan llegaba a cuestionar, estarán
extrayendo recursos del resto del mundo y la sociedad hasta el último minuto de
nuestra existencia como especie, pues para la lógica dominante: la
inestabilidad y la guerra como un rasgo y herramienta principal de esta, es un
negocio, y los negocios son negocios.
Esa lógica ha llevado al mundo a una crisis de
sobrevivencia, agravada por los efectos de un modelo basado en el consumo de
combustibles fósiles, que promueve el crecimiento permanente, como disfraz del
crecimiento de la riqueza acumulada y concentrada y que promueve el consumo a
niveles que nuestro planeta está acercándose a un punto de agotamiento
amenazante. La vida misma está en peligro no solo por el aniquilamiento de
especies de la fauna y flora, sean marinas o terrestres, sino de los que nos
consideramos seres superiores y pensante que distraídos en las redes, los likes,
las series, las feakes news y la promoción masiva del ego, no despertamos a los
riesgos a los que hemos llegado como civilización en esta inestabilidad
sistémica global, regional y local.
La inestabilidad es propia del capitalismo, en esta
realidad que vivimos en su ampliación a niveles nunca antes conocidos. Los
ajustes a las crisis de producción naturales al funcionamiento del sistema y a las
crisis de especulación financiera y de sus burbujas económicas, tienen como
costo la calidad de vida, de empleo y seguridad de las personas, que son un
factor desechable de ajuste. La humanidad que se supone promueve el capitalismo
occidental imperial cada día ayuda a construir una amenaza a la vida misma de
la humanidad.
El Informe del año 2022 del FMI dice lo siguiente: La
guerra en Ucrania podría contribuir a una peligrosa divergencia entre las
economías avanzadas, los mercados emergentes y los países en desarrollo. De
manera más general, corre el riesgo de fragmentar la economía mundial en
bloques geopolíticos con diferentes estándares tecnológicos, sistemas de pago
transfronterizos y monedas de reserva. Este cambio tectónico plantea el mayor
desafío para el sistema basado en reglas que ha regido las relaciones
internacionales y económicas durante los últimos 75 años, poniendo en peligro
los logros obtenidos en las últimas décadas. Pd, los logros basados en los
intereses de la Banca y las grandes corporaciones.
Esa fragmentación en bloques antagónicos esta
vez no ideológicos tiene al mundo en una situación de amenaza total. Para salir
de esta situación es imprescindible comprender este momento tan difícil y
peligroso. Solo una gran mayoría construida por las fuerzas progresistas de todos
los matices, sectores económicos y su configuración de clase actual, regiones,
culturas, géneros puede buscar una forma de vida que garantice una
gobernabilidad democrática distinta, pacifica, multipolar en que nos
encontremos como seres humanos para una
vida mejor, en un modelo sustentable en todas sus aristas, en donde la
estabilidad no sea una utopía.
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