https://www.sinistrainrete.info/

viernes, 3 de febrero de 2023


 

Nos Colonizan con nuestro permiso:

Con espejitos y colores otra vez la pega está hecha.

  Lo fundamental de este escrito fue publicado en El Mostrador en diciembre del 2010, publicado como columna de opinión, escrita por Osvaldo Torres, no en el Diario de Izquierda, en El Ciudadano o en El Siglo.

Sorpresa tras sorpresa. El antimperialismo socialista pasó de moda hace rato y no solo eso, pues ahora se encuentra en franca asociación con la política exterior norteamericana.

 

Los documentos difundidos por el periodismo independiente, y valiente, del sitio Wikileaks, han dejado al desnudo que el gobierno de M. Bachelet a través de su ex Ministro del Interior, el democratacristiano E. Perez Yoma – durante la cancillería ejercida por el DC A. Foxley- solicitaron la colaboración de la “Inteligencia” norteamericana para combatir la causa mapuche. El gobierno se había comprado el discurso de la derecha autoritaria sobre “el terrorismo mapuche” y recurría a un “aliado” para actuar.8K

Pero no sería la primera vez que en política ocurría esto –para no hablar de las políticas económicas-, pues como quedó en evidencia con la muerte de los 81 presos comunes hace pocos días, los gobiernos de la Concertación también asumieron como propias las políticas anti delincuencia promovida por la derecha autoritaria local en prolongación de las políticas norteamericanas. Ya lo han señalado varios estudios, terminamos luego de 20 años, con la mayor tasa per capita de presos entre los países de América Latina y discutiendo sobre el ritmo y número de cárceles construidas.

 La izquierda de la Concertación fue colonizada intelectual y políticamente por los diseños producidos en las universidades, centros de pensamiento y organismos ligados a Washington.

 Los dos ejemplos anteriores ponen en la discusión un problema crucial de la identidad socialista: su carácter antimperialista. No se trata de la nostalgia de revivir las marchas en solidaridad de Vietnam o volver a editar los “Documentos de la ITT” sobre la intromisión norteamericana en la política nacional en los ’70, sino de sostener una política internacional autónoma, que entienda que los intereses norteamericanos no son los mismos que los chilenos o de los latinoamericanos, y que por tanto se requiere de generar los contrapesos regionales e internacionales para defender un proyecto de desarrollo no condicionado a los intereses de las transnacionales (Barrick Gold, Hidroaysen, etc).

 No vivimos la era “post imperialista” sino más bien la constitución de un imperialismo que requiere cada vez más de la incondicionalidad política de sus áreas de influencia para asegurar los procesos de especulación financiera e inversión en recursos estratégicos de la sociedad de la información.  Allí están el “Consenso de Washington”, las directrices del FMI, la guerra en Irak y Afganistán, la ayuda millonaria a la posición colombiana, entre otras.

 La política internacional concertacionista estuvo más cerca de Estados Unidos que de los gobiernos de Bolivia, Argentina, Venezuela, Brasil y Ecuador, procurando con ello obtener un buen puntaje en las clasificadoras de Wall Street que especulan en las bolsas internacionales, más que por solidarizar decididamente con las intentonas golpistas como fue el caso venezolano. (Como que me suena actual)

 El asunto merece una pregunta. Se ha venido discutiendo acerca del progresismo, pero parece ser que lo que se debe discutir es qué se entiende por una alianza de centroizquierda. Es lícito preguntárselo toda vez que la izquierda concertacionista se desperfiló, perdió identidad programática y más bien pareció reducida a la función de darle gobernabilidad a las medidas liberales pro compensación social. Es decir, las políticas sociales de estas dos décadas no fueron más allá de los diseños impulsados por las agencias internacionales como el Banco Mundial, que propugnaban la reducción del riesgo y la “vulnerabilidad” social, que amortiguaran los efectos de los procesos de liberalización al capital financiero y la falta de regulación de los mercados de bienes sociales.

 La izquierda de la Concertación fue colonizada intelectual y políticamente por los diseños producidos en las universidades, centros de pensamiento y organismos ligados a Washington (¿Londres o las fundaciones de Soros, la Fiedrich, etc, etc no cuentan?).

Mientras la desigualdad social y territorial está instalada como eje de un modelo que continúa concentrando el poder económico, debilitando el ejercicio de la política, cooptando a sus administradores e impidiendo el debate sobre cuestiones como la libertad individual, la participación social y las reformas políticas democratizadoras.

No hay alianza de centroizquierda si la izquierda y en particular el Partido Socialista no contribuyen con una identidad política claramente nacional y popular, de cara a los desafíos de la desigualdad y la libertad. Para ello se requiere poseer un programa político viable para resolver esos temas y también una recuperación de la credibilidad y confianza de los sectores populares y medios hacia una dirigencia que sea creíble en su disposición a la confrontación democrática con los intereses de los más privilegiados. Se necesitará una política de izquierda que recomponga una mayoría social capaz de llevar al país a una nueva estrategia de desarrollo de carácter sustentable e inclusivo.

Si la izquierda no enfrenta este proceso de actualización identitaria que le permita reconocerse en los problemas sociales y los desafíos futuros del país, será imposible construir una alianza de centro izquierda y menos recuperar el gobierno para cambiar el país.

 

PD,

Después del estallido social y que perdiésemos estrepitosamente el plebiscito por una nueva constitución, la izquierda sigue colonizada, sigue el rumbo de la funcionalidad occidental, a fin a Washington (relaciones exteriores, hacienda e interior, la troika del verdadero poder de La Moneda), renunciando a la transformación porque  además demostró estar muy lejos, quizás por su condición de colonizad, de los sectores populares necesarios para el cambio y que se movilizaron el 18 de octubre y por largos meses a posterior.

A Washington nunca le gustará que un cambio surgido de un estallido popular cambie las reglas del juego, sea una experiencia exitosa, la echará abajo de una u otra forma.

Vaya si lo sabemos en Chile, menos que abra nuevos horizontes de gobernabilidad, se despegue de la lógica neoliberal dominante y aún  menos en este momento de confrontación global con China, Rusia y todo lo que signifique un desafío a su dominación unipolar. Nada mejor que impedir ese cambio con mano ajena, es decir la mano nuestra, con una clase acomodada al ejercicio del poder por costumbre de treinta años o nueva camada etaria con ambición de administrar esa parte  poder institucional.

¿Quiénes se movieron para el acuerdo del 15 de noviembre? ¿Quiénes se movieron para derrotar a Jadue, por pesado que fuese, o destruir el proyecto de una nueva constitución? ¿No son los mismos? ¿Ese bloque no está en parte importante del gobierno, el parlamento, las FFAA, el gran empresariado, los medios de comunicación y esa insipidez de sectores de la nueva izquierda sin vocación de izquierda de masa que cree que el pueblo es una red social que se conquista en Facebook, Tik Tok, Instagram y se expresa en la cantidad de Likes recibidos?

Cualquier materialidad parece algo del pasado y cuando nos encontramos con ella: oh resulta nos dimos un golpe de realidad con cuatro millones de votos de diferencia o no se vio venir el anticomunismo ¿Alguien en su sano juicio o cultura política puede esperar que  dejen avanzar, como si fueran de paseo,  a la izquierda comunista?

La colonización de la izquierda es muy amplia y significa básicamente su destrucción ontológica por no decir ideológica

Hay una izquierda que se ha esforzado por no ser colonizada por occidente. Alguna vez usaba paraguas cuando  llovía en Moscú, pero está en riesgo por pragmatismo o fatalismo aprendido, camino a ser colonizada pero muy lejos de la capital rusa o china. Más cerca del Potomac o de Estrasburgo.

Alguno, quizás, de forma inconsciente acepten ese paso, otros por el arte del pragmatismo sin un fin estratégico definido más que alcanzar el gobierno, no saben o no quieren darse cuenta que en ello sellan su derrota histórica, no solo electoral o política tras el 4 de septiembre de este año.

En Langley están felices y Sanhattan también. Con espejitos y colores otra vez la pega está hecha y mientras, el neo fascismo avanza los mismos metros que retrocedimos. Siempre ha sido así.

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

       Reconciliando a la izquierda De la melancolía a la utilidad social, sin fetiches identitarios Matteo Minetti y M...