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sábado, 4 de septiembre de 2021

 




Los Ethos Partidarios, las generaciones y su conformación

 

En la historia de los cambios de liderazgos y estilo de ello dentro de las organizaciones políticas, las transformaciones en la conformación de los grupos humanos que conforman esos colectivos han sido decisivos para que emergieran nuevos líderes, con otros énfasis, concepciones, objetivos y prácticas.

 

Ningún periodo de los diferentes periodos de los comunistas aquí (Chile) o en otra parte del mundo, se explica sin ese cambio de grupos humanos que lo constituyen o constituyeron.

 

El periodo bolchevique (leninista en su más pura expresión practica) se explica por quienes formaban el partido hasta el periodo inmediato al triunfo de 1917. Aquello que se llamó la vieja guardia. A ella le correspondía una conformación, una historia y los desafíos que cuajaron en la forma de ser que constituía el todo y en su grado más alto en cómo se dirigía el partido: una dirección colegiada por personas como Lenin, Zinoviev, Kamenev, Radek, Stalin, Sverdlov principalmente. Capaces de tener diferencias muy profundas y abiertas y ser capaces de discutir y acordar y determinar el curso de la acción.

 

A ese grupo se unió en la primavera de 1917 Troski que pese a ser menchevique hasta entonces, se sumó a las ideas de Lenin y su aporte fue tan vital como para ser el fundador del Ejército Rojo, a lo menos la tarea que hizo desde la nada sobrevivir a la revolución a la guerra civil y la intervención extranjera de más de una decena de países.

 

Muchos olvidan que Lenin casi siempre estuvo al inicio de muchos temas relevantes en minoría y fue en la discusión que ganó el debate y al partido para sus posiciones. Pocos recuerdan que el partido no veía la posibilidad de tomar el poder hasta bien entrado el año 17 o de la necesidad de una paz onerosa para la Rusia Soviética en términos históricos y territoriales con Alemania en 1918, o el giro económico hacia formas capitalistas con la Nueva Política Económica en 1921 (una herejía para mucho de sus compañeros) 

 

Nunca se impuso por el peso de su autoridad como líder indiscutible pero no formal e hizo de la discusión política, muchas veces muy dura pero jamás sin dejar de ser fraterna, la forma de discernir y decidir colectivamente. No fue Secretario General. El cargo fue creado para dirigir las tareas administrativas del partido en pleno crecimiento cuando su organizador natural: Jacob Sverdlov murió. Entonces fue designado Stalin para una tarea que sus demás compañeros desdeñaron.

 

Una vez en el poder, con la revolución triunfante, el relativo pequeño grupo de bolcheviques para el tamaño de Rusia (varias decenas de miles), creció vertiginosamente. Las tareas de dirigir la conformación del nuevo estado hicieron crecer a ritmos de centenares de miles de nuevos militantes por años. Muchos cumplieron tareas en la guerra civil o en la construcción del nuevo estado.

 

Esto trajo la creación de una nueva burocracia estatal que sustituyo a la vieja casta zarista, construyo nuevas capas de funcionarios que cambiaron el ethos del antiguo partido. La avalancha de nuevos militantes conformó un nuevo grupo humano con otras formaciones, orígenes, liderazgos y visiones. No solo fue la muerte de Lenin que aceleró ese proceso de cambio de funcionamiento y cultura bolchevique si no la propia nueva conformación humana del partido. 

 

Sin ese cambio y pese a todas sus habilidades buenas y malas Stalin no hubiese podido construir su dominio sobre todo el partido y la sociedad soviética. La nueva camada de militantes incrustados en las tareas administrativas del estado, en donde lo partidario y lo administrativo difícilmente se podían distinguir crearon un comunista culturalmente distinto a los viejos bolcheviques. La obediencia y subordinación como parte de la cultura por un lado de gobierno y por otro lado partidaria, más aún en un estado conformado sobre los restos del viejo estado zarista de tradición autoritaria, redujeron la discusión y el debate a la nada comparativamente con el periodo anterior.

 

Sin ese cambio de ethos el liderazgo de Stalin y sus formas no hubiesen tenido la base social y cultural que lo sustentase. Su conflicto con la vieja guardia bolchevique, apegada a su tradición original de como concebir el partido choco con ella y se tradujo en su erradicación prácticamente total.

 

Aquí habrá que quienes digan que sin ese giro la Unión Soviética no habría sobrevivido a la invasión fascista de 1941. Esa disyuntiva nunca la sabremos porque la historia es como sucedió y efectivamente a Stalin y los dirigentes de entonces le correspondió enfrentar ese desafió, pero una cosa es cierta el antiguo modo de dirección hizo la revolución, fundó al estado, al ejército rojo, sobrevivió a perder el control por momentos en 1918-19 cuatro quintos del territorio,  e hizo sobrevivir a un país literalmente demolido por los efectos de la primera guerra mundial, la guerra civil y los efectos de las primeras medidas económicas de los soviet en el campo.

 

No existía ni entonces ni ahora un manual de lo que debía hacerse y sin la cuota imprescindible de herejía propia de los audaces, aquello pudo nunca haber pasado, si hubiesen leído como dogma inviolable de que el socialismo llegaría primero a los países capitalistas más avanzados. De ese modo mecánico, nada habría ocurrido. Ninguna revolución triunfante se ha apegado a un manual. Todas han construido a partir de realidades propias, su camino, su forma de liderazgos y tareas principales y la forma de emprenderlas, pero todas en su fase más intensa y decisiva de desarrollo necesitaron el abrumador apoyo social para sostenerse.

 

El ethos soviético, re florecido de pujanza y confianza patriótica y socialista una vez sobrevivido al fascismo tuvo la gigantesca responsabilidad de enmendar el rumbo de Stalin, tras su muerte, sin romper con su pasado. Pocos podrían aventurar que Nikita Krushev, quizás un personaje no llamativo en la escena soviética, al lado de Molotov, Mikoyan, Beria o Zhukov, encabezará ese proceso, más aún cuando el pertenecía a la esencia de la dirigencia que desde el final de los años treinta formaba parte del núcleo dirigente de ese país, y le correspondía sin duda responsabilidad en todo lo ocurrido y sin embargo se hizo el proceso de cambio sin violencia ni fracturar al partido y al país.

Quedará siempre en la duda si el proceso de critica al culto a la personalidad, a la sustitución de la dirección colectiva por el personal y la violencia  y crimen para resolver la necesidad de establecer un derrotero unico y cental valió la pena de negar todo la contribución de Stalin en el desarrollo de la industrialización, la conducción estratégica y operativa de la guerra. Si la negación de la negación es uno de los elementos de la dialictica, la negación absoluta de ese dirigente, se hizo sin asumir las responsabilidades colectivas de las mismas personas que encabezaron la destalinización y reducir a lo personal un fenomeno que era mayor en su complejidad

Fue una tarea muy difícil cuando todo el estado está bajo jurisdicción y control político del partido y su núcleo dirigente.

 

¿Cuándo este se equivoca, quien lo corrige o enmienda? ¿Es la biología la que hace su trabajo de cuadros o es el debate sobre una política correcta y un funcionamiento colectivo el que lo resuelve?

 

Las fronteras del control político y la gestión administrativa son difusas y los sucesivos esfuerzos a lo largo de toda la experiencia socialista, los hubo, nunca las pudieron separar. Todas las iniciativas de reforma económica impulsadas principalmente por Andrei Kosiguin, que desde los años sesenta de propusieron para dar más autonomía a las empresas, reducir el control centralizado y directo de los órganos centrales de planificación, abastecimiento y los centenares de comités partidarios y ministeriales por ramas de la economía en los que se duplicaba la maquinaria burocrática y entorpecían la gestión de cientos de miles de empresas no se pusieron en práctica, por la propia resistencia de esa capa enquistada en la maquinaria del estado que controlaba la sociedad no solo en lo económicos y el enorme ritmo de crecimiento que tuvo la URSS entre los años 50 y 60 fue disminuyendo significativamente en la década del 70 generando condiciones de estancamiento y de aumento con ello de la brecha con la principal economía de occidente: Estados Unidos.

 

Eso planteaba problemas de necesidad de reformas urgentes para dinamizar su economía (Lenin: la política es la expresión concentrada de la economía), de evitar perder la posición que se había alcanzado en los primeros setenta años, con dos guerras desbastadoras en su territorio por medio. La competencia con occidente no solo de crecimiento económica, sino científica y técnica y por supuesto militar. El peso de la carrera armamentista para la Unión Soviética más limitada de recursos fue orando la fortaleza construida en todos esos años.

 

En ese contexto y fallecidos dos casi octogenarios secretarios generales Breznhev y Cherneko y enfermedad repentina del padre de la voluntad de emprender las reformas económicas, Yuri Andropov en tres años seguidos se da el proceso de renovación que se conoció como perestroika.

 

Gorvachov y la gran mayoría de los ascendieron a la cúspide del poder soviético, eran una generación de post guerra, que hicieron carrera al mando de los Oblast (provincias)o sectores de la industria, muchos de ellos con títulos universitarios. Se formaron como funcionarios de por vida en el partido, cuando este ya constituía una casta conocida como “aparatachiks”. Conformaban al menos la tercera o cuarta camada de cargos dirigentes formados en la burocracia soviética que se había reproducido en el estado, que disfrutaba de condiciones de vida ajenas a la de la mayoría de la población, que a su vez deseaba cambios sin renunciar a su devenir socialista. Si alguien duda de esa afirmación puede mirar los resultados del plebiscito de marzo de 1991 sobre la continuidad de la Unión que ningún dirigente respeto.

 

En esa posición no estaban en condiciones de ser la fuerza revolucionaria que renovase al socialismo y tenían por añadidura un factor que acentuaba su incapacidad política: habían sido formados en una burocracia ya construida antes que ellos y por tanto reproducida y ampliada en todas sus deformaciones. Los burócratas por lo general son buenos en obedecer y adolecen de la capacidad de decidir pues siempre debieron  obedecer las decisiones de otros. En ello iba su sobrevivencia en los cargos y cuando los burócratas llegan al poder como sucedió con Gorbachov, sin saber a quién o qué obedecer, el daño fue peor.  

 

A diferencia del proceso de cambios ocurridos antes en la Unión Soviética, los dirigentes del PCUS desataron el colapso de esa sociedad y carecieron de la capacidad para entenderlo e impedirlo y no pocos de esos dirigentes lo hicieron de forma consciente para asegurarse un lugar en el reparto de riquezas en la jibarización económica, territorial y étnica de la antigua URRS y su reducción de superpotencia a un estado paria para placer de sus históricos enemigos: el occidente capitalista victorioso.

 

Ya en 1921 un menchevique emigrado Dormid (si no me equivoco), escribió de manera previsora que los cambios de configuración de los grupos humanos que comenzaban por entonces a transformar la conformación del partido bolchevique terminarían por cambiar su forma de observar y resolver las cosas, pues cada uno tendría sus propias visiones y podían ser muy divergentes de las originales en cuanto a propósitos y hasta contradictorios entre ellos. 


Años después en 1946 un funcionario de la embajada norteamericana en Moscú: George Kennan escribió un largo informe en que proponía buscar todas las formas para incidir en el modo de pensar de las futuras camadas de dirigentes soviéticos, de modo que su definición ideológica mutase y terminase alterando lo que, según él, constituía el factor de unidad de ese país multicultural: el partido comunista y su ideología socialista apegada a una definición histórica contraria al capitalismo. Previó qué si esa unidad ideológica se rompía, el sistema podría explosionar desde adentro en un abrir y cerrar de ojos.

 

Lenin decía que cuando tu enemigo te aplaude, algo estás haciendo mal. Ellos olvidaron hasta eso. El secretario ideológico del partido comunista soviético Alexander Yakolev a fines de los ochenta, quien, en la década del cincuenta, estudio becado por intercambio en la Universidad de Columbia en Estados Unidos, llegó hasta proponer la definición de un pensamiento único en el confluyeran los dos bloques antagónicos. 

La vieja tarea de desarmar ideológicamente al PCUS estaba hecha, lo demás era cosa de meses, días y horas.

 

Ethos II

 

Hace unos años, en la revista cultural cubana Jiribilla se publicó un artículo sobre las circunstancias en que se dio la sobrevivencia del proyecto revolucionario cubano y mucho de lo allí expuesto, nos puede servir de referencia para lo que hemos vivido:  

 

Con la debacle del socialismo soviético, hubo también una debacle en términos ideológicos. Si bien antes se había logrado que el anhelo colectivo se proyectara hacia una utopía que se veía como destino obligado del desarrollo social, la derrota del socialismo soviético destrozó ese determinismo y puso en crisis a nivel social el anhelo colectivo. Derrumbó la certeza en el futuro de victoria colectiva como un camino positivista que, aun con retrocesos, era ineludible. Preguntas existenciales que se creían contestadas, fueron traídas de vuelta sin certeza alguna. Frente a la incertidumbre, los instintos primarios de la gens vuelven a florecer. La batalla de la vida se vuelve a plantear para muchos en términos exclusivos de “yo y mi familia”, y para que esa reconstrucción tenga éxito, necesita apolitizarse y negar cualquier construcción colectiva más abarcadora.

La debacle soviética trajo un shock psicológico también a las fuerzas ideológicas de la Revolución. La reacción de supervivencia fue sin discusión exitosa, pero se construyó en lo inmediato, sobre la base de apelar a la mochila cultural e histórica creada por la Revolución y las tradiciones patrióticas que con esmero el país había cultivado. No nos engañemos, ha sido una epopeya extraordinaria. Frente a la realidad objetiva de que no era en el plano de la economía donde demostraríamos, en lo inmediato, la superioridad de la sociedad cubana sobre sus contrapartes, ese discurso de la superioridad se construyó sobre la prevalencia de la Revolución en el plano superestructural.

Pero la resistencia construida solo sobre la base de la herencia tiene una capacidad temporalmente limitada: necesariamente se va desgastando. Las revoluciones necesitan construir utopías sobre las cuales proyectar los anhelos colectivos, si no se vuelven numantinas. Más aún, si en la práctica económica no logran todavía levantar vuelo.

Se subestimó inicialmente el poder cultural de la contraofensiva capitalista, a lo que se suman los errores propios de la práctica real y cotidiana del poder en una situación extrema de asedio, y de ausencias teóricas frente a una realidad nacional e internacional inédita. Frente al shock inicial, el refugio no solo ha sido lo histórico, sino, de manera menos justificada, localismos y construcciones ideológicas donde se mezclan con confusión ideas del marxismo clásico con escuelas de lo posmoderno, la nueva antropología cultural con sus desconstrucciones poscoloniales, rescate de cosmovisiones religiosas y toda una pléyade de ideas variopintas.

Este escenario fue y es probablemente ineludible, no es culpa de nadie, habida cuenta de la necesidad de construir un nuevo marco ideológico, con sustento filosófico transformador, que reivindique la idea de la necesidad de superar el orden capitalista de las cosas. Con independencia de cuál sea ese marco ideológico, lo que sí está claro es que no se construye alternativa alguna al capitalismo si primero no logramos proyectarlo al plano cultural, incluido lo artístico.

 

En nuestro caso, al igual que Cuba, en la década del 90, derrotado nuestro proyecto político interno, de una salida más profunda, que superara el marco constitucional, económico y político construido por la dictadura. Sobrevivimos como partido apelando a nuestro rol en la lucha en contra la dictadura y a la profunda discordia con la nueva democracia limitada al marco de lo posible, resguardada por poderes facticos protagonizados, para mayor evidencia, por el mismo dictador que nos gobernó y ante el cual, junto a sectores de nuestro pueblo, nos rebelamos en busca de una política más radical, que aportara a una sociedad construida bajo las premisas de verdad y justicia.

No es baladí que el XV Congreso del Partido, en 1989, fuese el que confirmase a la Rebelión Popular de Masas como eje de nuestra Política, trajese un cambio significativo en la Dirección partidaria, justo cuando en Chile, agotado y ansioso de lograr una salida que permitiera superar a la dictadura, se impusiera la salida pactada entre militares, la derecha económica y política, el gobierno norteamericano y sus aliados internacionales con los sectores agrupados en la Concertación por la Democracia.

El impacto de la caída del Socialismo en Europa y aquello que constituía la quinta esencia de nuestras certezas, la Unión Soviética, vivido junto a  la dificultad de aceptar una  salida pactada a la dictadura, e incluso apoyarla en términos electorales, como muestra de realismo político, no lo hubiésemos podido enfrentar, si como en Cuba no hubiésemos apelado a nuestra lucha frontal en contra a la dictadura, como elemento esencial de nuestra identidad partidaria en el contexto político chileno, Tampoco si esa continuación por combatir frontal, para erradicar los vestigios evidentes de una dictadura latente, no se hubiesen volcado a la lucha por la reivindicación de los derechos humanos, persiguiendo junto a las organizaciones continuadoras de ese campo, el juicio y castigo a los represores, en contra de todo lo pactado por los nuevos gobernantes, para alcanzar la gobernabilidad de ese Chile post dictadura, con un Pinochet omnipotente y vergonzosamente intocable.

Fue aquella persistencia en nuestra identidad y valores, para algunos de nuestros ex aliados, por entonces, muestra de una desintonización histórica, lo que nos dio los elementos para no sufrir los daños que sufrieron los otros partidos comunistas del mundo occidental y también oriental, que prácticamente fueron barridos como fuerzas relevantes de sus países, como sucedió en los casos de  Italia, España y Francia, que no sabiendo cómo hacer prevalecer la necesidad de seguir siendo comunistas, por una perspectiva histórica de mucho más largo plazo, sucumbieron a la derrota ideológica, cultural y política que sufrimos como comunistas a escala global.

Es difícil pensar que hubiese sido de nuestro partido sin un liderazgo tan fuerte como el de Gladys Marín. Alguien alguna vez dijo que existían ministros para tiempos de paz y ministros para tiempos de guerras. ella fue con todas sus características la persona precisa para ese momento.

Su certeza en mantener las banderas de este partido sometido a pruebas tan duras sobre su existencia debe entenderse en ese contexto histórico

Todo aquello constituyo un Ethos partidario propio de ese tiempo de difíciles pruebas. Fue con un gran grupo humano apegado a un estoicismo militante digno de reseñar, que le permitió al Partido sobrevivir en condiciones de un gran aislamiento, de un brutal ninguneo como le llamo Volodia, de escases de medios y recursos, a perdida de una gran cantidad de antiguos militantes y a la falta de un derrotero efectivo de transformación social en un mundo en donde la perspectiva de vencer al orden neoliberal parecía un esfuerzo quijotesco.

Ser comunista entonces implico un convencimiento ideológico y político tan profundo como aquel que sostuvo al partido en clandestinidad y es un hecho que ese nuevo ethos fue construido desde ese entonces. Contra viento y marea y es una contribución histórica estratégica a nuestra sobrevivencia.

 

Un hecho histórico vino a cambiar la realidad nuestra para siempre, el estallido social del 2019. Todas las contradicciones acumuladas en una sociedad abusada por un orden neoliberal se expusieron en toda su profundidad y violencia. El momento revolucionario sacudió las bases de la institucionalidad que protege ese orden económico, político y social y trajo a nuestro país a una perspectiva de cambios que hoy se expresan en la Convención Constituyente.

Nota: No es la única vez que una revolución estalla sin que los comunistas la hayan visto venir. En 1917 en enero de ese año en carta a estudiantes emigrados de Rusia en Zurich, Lenin atestiguaba que no sería su generación la que vería emerger una revolución de carácter socialista y que aquello sería obra de esa juventud a la que él se dirigía. Un mes después el Zar caía en medio de una sorpresiva revolución popular en San Petersburgo.  Todo lo que hizo a posterior de eso Vladimir Ilich fue poner en sintonía a su partido con los hechos y ser capaz de conducirlos y lo hizo.

 

Hoy vivimos en la emergencia de un ethos etario que ha ido transformando al partido, el sector más joven que ha ido ocupando responsabilidades a diversos niveles. Siendo electos para cargos de representación popular y con una capacidad de liderazgo que va más allá del partido mismo y abriendo temas que se han incorporado a definiciones partidaria tanto internas como externas.

 

¿Ese nuevo ethos es dañino y debilita al partido?

 

No, pertenece a este tiempo. Surgió del Chile post dictadura que emergió a la vida política en el movimiento de los Pingüinos, de la movilización estudiantil impresionante del 2011 y 2012. Todos esos episodios sin los cuales no puede explicarse el país actual y sus retos y posibilidades. Ampliaron el límite de lo posible hasta lo impensado que hoy vivimos y fueron junto a los levantamientos de Freirina, Aysen y Magallanes el aviso de lo que sucedería a escala nacional el año 2019 en el estallido social. La realidad puedo más que la teoría una vez más.

 

Al viejo movimiento de masas y sindical que fue destruido por la dictadura y que nunca se ha podido sobreponer en esa dimensión y alcance. Lo sustituyo, por necesidad histórica de expresión de las contradicciones sociales de nuestra sociedad, un movimiento de masas distinto, emergido de un sector social y etario que no poseía las cadenas de la obligación laboral en un marco de condiciones de trabajo simplemente abusivo y amenazador para los trabajadores y su estabilidad económica, precaria pero necesaria, sin atisbos de cambios y endeudado de por vida para sostener a sus familias y cubrir sus necesidades. Fue como en 1917 es eslabón más débil del sistema, esta vez el estudiantil, el que rompió la cadena de dominación y eso, en nuestro caso, es un mérito histórico de proporciones bíblicas.

 

La condición establecida por Salvador Allende de que ser joven y no ser revolucionario se hizo palpable en una masividad nunca antes vista después de la democracia hasta entonces. Sin embargo, ese movimiento se apozo y reprodujo de mejor manera en los sectores medios. No tuvo capacidad movilizadora en los sectores más populares de menores ingresos y precarias condiciones de vida, hasta antes del estallido social de 2019 y desde entonces se creó una bifurcación entre lo nuevo y lo viejo en organización política que hasta hoy no puede superarse significativamente.

 

No se puede construir una alternativa popular sin construir un ethos popular de transformación que vaya más allá de los sectores medios. Para ello las formas electorales no bastan, pues puede y debe haber Partido más allá de lo electoral. No hay contradicción ni exclusión en ello. El que haya surgido un movimiento social y territorial con formas nuevas de gestión, contenidos más radicales y con capacidades de movilización y resultados electorales sorprendentes (lista del Pueblo) fuera de nuestro espacio y perspectiva, nos hablan del lugar en donde estábamos y que sucede más allá de nosotros.

 

Una característica distinta del trabajo de masas es que a diferencia del electoral que puede tensar a la organización en campañas acotadas, se debe realizar en el largo plazo, a partir de la presencia, permanencia, identidad y representación. No son los trabajadores y las trabajadoras los que deben entendernos o acercarse a nosotros y sumarse a nuestros candidatos por acto de fe autómata o votarán por nosotros por un volante dejado en su casa o repartido en una plaza. Somos nosotros los que debemos hacer el trabajo de masas, sindical y electoral a la vez y eso nunca se hace en el corto plazo, o de forma circunstancial, sin un trabajo sostenido. Es una tarea ajena a la liquides y rentabilidad inmediata, tan propia de este tiempo electoral que vivimos.

 

Los cambios que se hagan en el partido emergerán inevitablemente de ese nuevo ethos partidario, pero si esa nueva construcción se afirma solo en la negación del antiguo se construirá un nuevo marco distinto al fenómeno que somos, cambiando su esencia y con ello lo que hemos sido: un extraño y muy único partido comunista en este mundo, con una habilidad muy inusual para pesar y en ocasiones dirigir el curso de los acontecimientos.

 

No habrá paraíso (¿lo habrá?) sin feminismo, pero tampoco lo habrá sin los trabajadores y los sectores populares. Un proyecto de transformación social con lleva esos elementos al menos para constituirse con posibilidades de éxito. El Ethos en el sentido más amplio e histórico del partido, aun a pesar de todos los cambios sociales, culturales, la emergencia de nuevos temas radica allí, pues allí radica la explotación de clase en todas sus formas y variantes. Sin nuestra presencia significativa y trabajo permanente sobre esas realidades el problema es de fondo, no de forma. Por eso es necesaria e imprescindible una síntesis de lo nuevo y lo viejo.

 

Los méritos de las generaciones anteriores son propios de su tiempo y nunca menores que los actuales y viceversa. El encadenamiento de ellos es lo que nos debe potenciar, no el conflicto planteado como un elemento de naturaleza generacional sin una perspectiva ideológica y política. No se trata de detener los cambios sino como hacerlos. La pregunta después de todo sigue siendo: ¿Qué hacer?

 

Y no hay respuestas escritas para ello. Es un desafío no de unos sino de todos y todas con todos y todas. Nuestras vertientes, todas las más nuevas y las más antiguas, deben confluir y dejar confluir, nada se debe estancar: Debemos ser capaces que nuestros torrentes nos multipliquen y refresquen en un caudal más poderoso.

 

Con mil defectos este partido ha avanzado de forma significativa. Está presente y pesa de forma gravitante en la vida política de nuestro país y lo hemos hecho con la suma de todos y todas. Hoy a diferencia de años atrás, de ese esfuerzo Quijotezco de ir solos en contra de todo, está en construcción un proyecto de país, es decir un derrotero político e histórico posible y alcanzable, y por supuesto, en disputa, que le da contenido de futuro a nuestros desafíos y nos plantea necesidades de ajustarnos a esa nueva realidad a la que hemos contribuido.

 












China, Vietnam y Cuba y mercado

El socialismo soviético, que tuvo muchísimos logros que serían muy largos de enumerar, se suicidó. No murió de muerte natural. Recuerdo cuando los chinos comenzaron sus reformas con alguien tan contradictorio con Den Xiao Ping, al mismo tiempo que castigaban a Vietnam. Todo el antiguo campo socialista dividió por el conflicto sino-soviético, se les acusó de traidores y de todo los males del mundo. Mucho de ello tenía que ver con que entonces Estados Unidos veía a China como un posible aliado en contra la Urrs.

Lo que hicieron los chinos(PC) fue solo entender en la medula que las relaciones de producción no salen de la nada, ni de un libro, ni de los buenos deseos, corresponden a un momento dado de la historia humana y son rotas o no por el desarrollo de las fuerzas productivas. Así como al igual que esa persona que uso el seudónimo de Lenin, recurrieron al mercado, a la iniciativa privada controlada por el estado para salir de la situación de estancamiento durante y tras la guerra civil.

Me tocó ver casi el nacimiento de la Do Moi en Vietnam unos años después, ellos nos decían que la visión estatista había destruido la economía agrícola, provocando hambrunas locales y levantamientos campesinos. Lo mismo sucedió en los primeros años de la Rusia Soviética en Tambov y Vorónezh. No era un tema ideológico, era un tema de necesidad y siendo ellos, los vietnamitas los comunistas, dentro de los comunistas, iniciaron el mismo camino de reformas de China. 

En pocos años, Hanoi pasó a  ser de importadores de arroz, a exportadores y atraer inversión extranjera. Vietnam hoy es una economía sólida, pujante que se sumó a aquello que el mundo occidental se les conocía como los nuevos tigres asiáticos, Taiwán, Corea del Sur, Indonesia, Hong Kong, Malasia.

China se insertó al mercado internacional, algo que la Unión Soviética no hizo salvo en la exportación de materias primas e hidrocarburos. Fue en esencia una economía autárquica, basada en su gran tamaño geográfico, la versión del absolutismo estatista, la disponibilidad casi universal e infinita de recursos naturales y una industria destinada para el desarrollo local. Los grandes descubrimientos científicos del mundo la cosmonáutica o la carrera militar, no tuvieron su resultado en su aplicación tecnológica a productos de usos civiles y con ellos se frenó cualquier posibilidad de ponerse a la altura de occidente en ese campo, que queramos o no, apoya y moderniza la calidad de vida de las personas.

China fue vista con cierta inocencia por occidente, un cuento chino en toda propiedad. Primero como un contrapeso a la Unión Soviética, después como la factoría del mundo donde la mano de obra barata podía trasladar la industria occidental a rebajar costos. Todo el cinturón del acero de la costa occidental de Estados Unidos ya no existe. Hoy el acero se fabrica en China, la India y en Ucrania o los Urales.

Si la política es la expresión concentrada de la economía, el crecimiento impresionante de la economía china, gobernada por un Partido Comunista con una perspectiva socialista del desarrollo de su país, tarde o temprano entraría en conflicto con occidente y en particular con Estados Unidos.

Escribo desde Chile, pero crecí en Cuba, hace poco estuvo en Argentina el jefe del comando sur, él lo dijo clarito, el principal enemigo de Estados Unidos es el Partido Comunista Chino y el esfuerzo de contenerlos es global y en particular en esta parte del mundo. Hace unos meses tuvimos primarias presidenciales, nuestro candidato Daniel Jadue, que iba primero por mucha distancia en las encuesta perdió. Cuando uno antes de las elecciones les decía: ¿compañeros ustedes creen que los norteamericanos permitirán que un país que está al otro lado de China, que tiene cuatro mil kilómetros de costa, sea gobernado por un comunista? No pocos me decían que exageraba, que el mundo había cambiado y la guerra fría había terminado.

Bueno, movieron todo para derrotarnos y lo hicieron. Las protestas en Cuba, coincidentes en tiempo, pasaron a ser cadena nacional en la televisión. Mi papa decía que el enemigo siempre te ordena, que cuando uno se pierde, solo tiene que mirar lo que quieren ellos para saber quién es quién, y que debe hacer uno. China representa una forma distinta de socialismo, para pesar de sus enemigos: exitosa, insertada en la economía internacional, al cual ya no se le puede bloquear, que se va constituyendo en una potencia militar a la vez. Es el desafío más grande de Estados Unidos en su historia, pues la posibilidad que los reemplace como primera potencia global es real.

Que tiene que ver esto con Cuba, mucho. A Cuba no le perdonan una, jamás  le permitirán insertarse en el mercado internacional, hay un sector empresarial en Miami, con capital y experiencia con los colmillos listos para devorar y apoderarse de la economía de la isla. La posición geográfica hace que todo paso a una economía más de mercado sea un riesgo a la propia independencia de Cuba. ¿Explica eso la lentitud? A mi juicio, sí, pero también ha creado condiciones para no fortalecer la economía doméstica y ayudado a extender el descontento en un sector de la población, juventud, que no tiene al socialismo como un deseo colectivo dominante.

La encrucijada de Cuba es enorme, quizás la humillación de Afganistán acalle a los sectores más agresivos de USA en contra la isla, y eso de un respiro, pero lo esencial está en cómo se reforma el socialismo sin perder su sentido social y patriótico.

Saludos desde Chile, hoy aquí los productos chino tan despreciados hace unos años, ya compiten y penetran en sectores más pudientes, los chinos nos llevan ventaja de años. Mi padre fue invitado a China en los años cincuenta, estuvo varios meses, lo invito a comer  a su casa en un barrio de esos nuevos bloques de edificios, el traductor que los asistía. Le sirvió platos chinos y por supuesto: palillos. Mi padre que no sabía usarlos, le pidió cubiertos y le dijo a su anfitrión: es que ustedes comen al revés, el chino le dijo riendo, no, ustedes comen al revés, nosotros empezamos mucho antes.

Es difícil competir con eso

 


Jadue: Una derrota y razones

Su expresión más clara  es que se cumplió con el objetivo de sacar a los comunistas y a Daniel Jadue de las elecciones presidenciales de Noviembre. Hoy pese a su popularidad, la alta votación obtenida, lo novedoso y amplio de su programa está ausente de la agenda pública que dominan los medios, los mismos que fueron usados para destruir su opción.

La diferencia de casi cuatros cientos mil votos de ventaja que obtuvo Gabriel Boric no tiene aún una explicación que pueda ser demostrada en el origen de ese votante, pero es un dato efectivo que esa cantidad de votos le da a nuestra perdida una connotación distinta, en una contienda que hace tres o cuatro semanas parecía imposible de perder.

Después del domingo se han producido dos análisis que merecen atención. Uno es que no vimos venir los ataques que la candidatura de Daniel Jadue provocaría y dos, que no podemos aspirar a conducir un proceso de transformación social sin lograr  movilizar al votante popular en las comunas en donde habitan mayoritariamente.

Ambas opiniones son ciertas, pero merecen algunos comentarios.

El no ver venir los ataques de la derecha mediática, sus personeros comunicacionales, redes sociales nos plantea el que no fuimos nosotros los que comprendimos de forma cabal que una candidatura comunista significa un peligro efectivo para las clases dominantes no solo locales, sino globales y desataría su furia en esa escala.

Por tanto el haber entendido esta contienda no como la expresión de un profundo conflicto sino como una campaña electoral, impedía ver la situación de fuerzas que se movilizarían para impedirlo. Aun cuando el programa de Daniel Jadue no fuese revolucionario, sea de contenido post neoliberales o socialdemócratas para algunos, pose un elemento fundacional que lo hace una grave amenaza: emana de un candidato comunista.

Gladys Marín respecto a los debates del Pleno del Partido de 1977 en donde se analizó la derrota del gobierno de la Unidad Popular plantea: “No se llega, en ese Pleno, a las causas de fondo del golpe, a la ausencia de una concepción real de poder, de un conocimiento acerca de las Fuerzas Armadas y del papel del imperialismo norteamericano, a asumir que una revolución desata fuerzas contrarrevolucionarias que inevitablemente iban a cerrar el camino a la Unidad Popular. En fin, todo lo que dice relación con la falta de una concepción estratégica.

Lo anterior plantea en su elemento constitutivo el conflicto expresado materialmente en la candidatura de Daniel Jadue y nos planteaba la necesidad de tener claro una perspectiva de clase que se ha ido disipando en la medida que entendemos los desafíos políticos como de carácter electoral y de construcción de proyectos a una escala local, distinta de la dimensión nacional.

¿Entonces si no entendimos el verdadero alcance de la dimensión del conflicto podíamos de forma correcta conducir, planificar, organizar y desplegar nuestros esfuerzos en post de una victoria?

Sin duda el despliegue del partido y de no solo los comunistas fue enorme. Se expresó en la mayoría de las comunas, fue realizado con entusiasmo, un sentido de unidad y victoria que puso en máxima tensión nuestras capacidades de trabajo. La gran votación es fruto de ese esfuerzo y de la propia resonancia de la gestión de Daniel al frente de la comuna de Recoleta.

Pero hay un elemento que no logramos, sumar la cantidad de votos suficientes para ganar la elección primaria y esas razones radican en la segunda explicación que se ha dado: no logramos movilizar, representar  y convocar al votante popular que no concurre a ejercer su derecho, pese a que los contendidos de nuestro programa están básicamente orientados a ese sector de la población.

¿Nos debió sorprender que eso ocurriese?

No, históricamente la despolitización de la política promovida para alejar a las grandes mayorías de su participación, al menos electoral, en las decisiones ha causado que las elecciones posean un convocatoria que oscila en el mejor de los casos apenas sobre el 50% de los posibles votantes.

Pero no es la única causa. Al menos tres elecciones previas a la presidencial nos auguraban un posible resultado distinto a nuestros deseos:

-          La elección de Constituyentes.

-          La Elección de la CUT.

-          La segunda vuelta de gobernadores en la metropolitana.

Cada una de ella con elementos distintos significa una derrota electoral para nuestras opciones.

La derrota en la CUT es relevante y quizás la más importante para nosotros en términos de significado. El último congreso partidario definió a los trabajadores como sujeto principal de las trasformaciones que vive el país. Incluso ya no hablamos de trabajadores, trabajadoras, ni menos de clase obrera como lo hacíamos en antaño, ahora solamente hablamos de sujeto principal. Una construcción de matriz académica que no operabiliza nuestro trabajo político.

Respecto a la votación de la CUT ¿Cuál fue el despliegue del partido en su campaña y votación? ¿La pérdida de la CUT obedece a crisis de liderazgos nuestros y su agotamiento únicamente? ¿Forma parte del trabajo regular del partido, de sus estructuras centrales, regionales, comunales, celulares el trabajo sindical y de masas?

(La regla de oro del Partido Comunista Portugués, tan parecido al nuestro por historia y consecuencia, ¿No es una referencia de cómo posicionar nuestra relación e incidencia mutua con los trabajadores y trabajadoras? – indica la paridad de trabajadores y trabajadores en la conformación de cada estructura directiva)

Podríamos entonces cuando el conflicto en Chile social y político se origina en una concentración brutal de ingresos en desmedro de los trabajadores, poder representarlos si uno de los contenidos considerados prioritarios no constituye una práctica regular de nuestro trabajo. Creo que todos sabemos que la respuesta es no.

Entonces si la dimensión del conflicto que expresaba la candidatura de Jadue para los sectores dominantes era así de peligrosa como para desatar el más feroz anticomunismo, estábamos en condiciones de acumular las fuerzas necesarias para cumplir con nuestro objetivo de que el compañero Daniel obtuviese una victoria en las primarias. Me parece que la respuesta es no, y fue resuelta de forma práctica.

Por lo tanto, más allá de errores importantes producidos esencialmente en los debates televisivos como fue la legalización de la pasta base y las demás drogas, el conflicto personalizado con periodistas, hubo un diseño de campaña que se originó en un error político de fondo, no entender la verdadera dimensión del conflicto y no encausar la campaña y sus contenidos para la construcción de fuerzas suficientes para contrarrestar la belicosidad del poder y habilidad de la derecha, con su dominio de los medios. Nuestro propio énfasis en la dirección principal de los contenidos relevantes de la franja electoral en lo fundamental demuestra que no lo entendimos en propiedad.

Si alguna causa subyace en esta derrota es esa. No se entendió por los conductores políticos de la campaña el tenor y profundidad de conflicto y no se diseñó una campaña para acumular las fuerzas suficientes para obtener una victoria en ese escenario y eso significaba en ir más allá del voto o cultura de izquierda. En cualquier escenario una campaña que parta de un error de apreciación política, no podrá cumplir con los objetivos planteados por más trabajo territorial que exista, más aun con escasos medios (sin fianzas para ello)

No pudimos motivar y movilizar el voto de la comunas en donde viven los trabajadores para garantizar nuestra victoria en el volumen requerido. No fuimos capaces calar en ellos en la dimensión necesaria. No estamos inserto de forma efectiva o al menos significativa en el mundo popular y mientras así sea, nuestros resultados electorales serán en gran parte una apuesta.

¿Porque si la derecha entiende el fondo y medular del conflicto de clase y logra movilizar, nosotros no?

Las preguntas que deben importar, una vez ocurrida esta situación en lo interno ¿Cómo asumimos esta derrota?

Sin duda lo principal mantener el estado de unidad, movilización y disposición del partido para que la opción que ganó en las primarias pueda converger en un programa compartido de trasformaciones sociales y se obtenga electoralmente una victoria que amplié nuestra representación parlamentaria y en los concejeros gobiernos regionales. Esa es una meta de responsabilidad política inmediata y se expresara en la definición de las candidaturas y listas que deben estar inscritas el 23 de agosto próximo.

Pero hay pregunta internas que son de más largo plazo responderlas y trabajar en las respuestas y no son fáciles de discernir.

¿Cómo logramos re construir el trabajo sindical? ¿Cómo logramos reconstruir nuestro trabajo de masas? ¿Basta la sola perspectiva del trabajo electoral del partido para construir fuerza política o debemos construir fuerza social para las transformaciones a las cuales aspiramos?

¿Por qué si cuando nos definimos como partido feminista y garantizamos la paridad de género en nuestras direcciones, no sucedió lo mismo para garantizar la participación de trabajadores y trabajadoras directos (ver esa distensión en la parte final del testamento de Lenin) en nuestros órganos dirigentes?

¿Por qué en un caso se transforma la estructura y cultura partidaria  y en el otro no se toman medidas prácticas? ¿O es que por asumir que somos el partido de los trabajadores significa de forma automática que los somos y por ende los representamos?

¿Qué tipo de partido estamos construyendo? ¿Electoral? ¿De masas? ¿De los Trabajadores y Feminista?

¿Por qué hoy asumimos que las votaciones no son traspasables de un candidato a otro en una misma unidad electoral?

¿Se construyen proyectos y prácticas de liderazgos personales o partidarias y de masas en el trabajo de nuestras autoridades electas?

¿Ha servido nuestro trabajo electoral y nuestros representantes electos para construir una base social sólida para el movimiento político de trasformación en Chile?

¿Somos un partido de masas, insertos además en ellas? ¿Somos el partido que posiciona el trabajo con el ·sujeto principal· como lo principal del partido?

Las respuestas a esas preguntas son complejas pero necesarias.

Vivimos tiempo de transformación. En Chile tras el enorme estallido social, se ha logrado elegir una Convención Constituyente que es hija una mayoría social y electoral plural con vocación de refundación de este país hacia un modelo distinto, de derechos sociales y políticos garantizados, multicultural.

La derrota de este proyecto de país con una nueva Constitución que lo defina es el gran afán de la derecha chilena, impedir que se obtenga una Carta Magna que consagre otro tipo de configuración del poder político, económico, cultural, social y militar en este país.

Derrotar a Daniel Jadue era importante pues era la forma de separar a los comunistas del rol conductor en ese proceso y lo han obtenido, al menos temporalmente. Por ello esta derrota supera por creces lo electoral y nos permite ver con nitidez tardía el verdadero carácter del conflicto y de los errores que cometimos en su definición, por tanto en su planificación y  que se tradujeron en un resultado adverso.

Fidel alguna definió que la revolución es el arte de sumar. Nosotros no fuimos capaces de sumar todo lo necesario pues esencialmente no entendimos el carácter revolucionario de nuestro desafío pues implicaba un conflicto en la centralidad del poder y no en la lateralidad de una elección más y eso no es un error de contenidos de campaña o lo anecdótico de algunas opiniones del candidato, es un error central de conducción político electoral de fondo.

Lo más importantes es que aun en esta derrota podamos aportar a la elección de un gobierno de Gabriel Boric con sello trasformador, con un programa que garantice eso y con una mayoría social y electoral que lo respalde. Eso es vital para que el impulso revolucionario producido en octubre del 2019, llegue a buen término. Si eso no se produjese, la derecha acumulará fuerzas para lograr su objetivo principal, derrotar en el plebiscito de salida el proyecto de constitución que esta Convención Constituyente proponga  e impedir con ello las transformaciones de fondo que el país requiere.

Es hora que podamos también  discutir con fraternidad de las y los comunistas los temas partidarios de que tipo de partido somos, pues el partido que somos determinará siempre la posibilidad de alcanzar las metas que nos propongamos. Ser un partido feminista, de masas y de los y las trabajadoras debe ser una realidad que se refleje en nuestro trabajo partidario en todos sus ámbitos  y también en nuestra organización interna.


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