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sábado, 4 de septiembre de 2021

 


Jadue: Una derrota y razones

Su expresión más clara  es que se cumplió con el objetivo de sacar a los comunistas y a Daniel Jadue de las elecciones presidenciales de Noviembre. Hoy pese a su popularidad, la alta votación obtenida, lo novedoso y amplio de su programa está ausente de la agenda pública que dominan los medios, los mismos que fueron usados para destruir su opción.

La diferencia de casi cuatros cientos mil votos de ventaja que obtuvo Gabriel Boric no tiene aún una explicación que pueda ser demostrada en el origen de ese votante, pero es un dato efectivo que esa cantidad de votos le da a nuestra perdida una connotación distinta, en una contienda que hace tres o cuatro semanas parecía imposible de perder.

Después del domingo se han producido dos análisis que merecen atención. Uno es que no vimos venir los ataques que la candidatura de Daniel Jadue provocaría y dos, que no podemos aspirar a conducir un proceso de transformación social sin lograr  movilizar al votante popular en las comunas en donde habitan mayoritariamente.

Ambas opiniones son ciertas, pero merecen algunos comentarios.

El no ver venir los ataques de la derecha mediática, sus personeros comunicacionales, redes sociales nos plantea el que no fuimos nosotros los que comprendimos de forma cabal que una candidatura comunista significa un peligro efectivo para las clases dominantes no solo locales, sino globales y desataría su furia en esa escala.

Por tanto el haber entendido esta contienda no como la expresión de un profundo conflicto sino como una campaña electoral, impedía ver la situación de fuerzas que se movilizarían para impedirlo. Aun cuando el programa de Daniel Jadue no fuese revolucionario, sea de contenido post neoliberales o socialdemócratas para algunos, pose un elemento fundacional que lo hace una grave amenaza: emana de un candidato comunista.

Gladys Marín respecto a los debates del Pleno del Partido de 1977 en donde se analizó la derrota del gobierno de la Unidad Popular plantea: “No se llega, en ese Pleno, a las causas de fondo del golpe, a la ausencia de una concepción real de poder, de un conocimiento acerca de las Fuerzas Armadas y del papel del imperialismo norteamericano, a asumir que una revolución desata fuerzas contrarrevolucionarias que inevitablemente iban a cerrar el camino a la Unidad Popular. En fin, todo lo que dice relación con la falta de una concepción estratégica.

Lo anterior plantea en su elemento constitutivo el conflicto expresado materialmente en la candidatura de Daniel Jadue y nos planteaba la necesidad de tener claro una perspectiva de clase que se ha ido disipando en la medida que entendemos los desafíos políticos como de carácter electoral y de construcción de proyectos a una escala local, distinta de la dimensión nacional.

¿Entonces si no entendimos el verdadero alcance de la dimensión del conflicto podíamos de forma correcta conducir, planificar, organizar y desplegar nuestros esfuerzos en post de una victoria?

Sin duda el despliegue del partido y de no solo los comunistas fue enorme. Se expresó en la mayoría de las comunas, fue realizado con entusiasmo, un sentido de unidad y victoria que puso en máxima tensión nuestras capacidades de trabajo. La gran votación es fruto de ese esfuerzo y de la propia resonancia de la gestión de Daniel al frente de la comuna de Recoleta.

Pero hay un elemento que no logramos, sumar la cantidad de votos suficientes para ganar la elección primaria y esas razones radican en la segunda explicación que se ha dado: no logramos movilizar, representar  y convocar al votante popular que no concurre a ejercer su derecho, pese a que los contendidos de nuestro programa están básicamente orientados a ese sector de la población.

¿Nos debió sorprender que eso ocurriese?

No, históricamente la despolitización de la política promovida para alejar a las grandes mayorías de su participación, al menos electoral, en las decisiones ha causado que las elecciones posean un convocatoria que oscila en el mejor de los casos apenas sobre el 50% de los posibles votantes.

Pero no es la única causa. Al menos tres elecciones previas a la presidencial nos auguraban un posible resultado distinto a nuestros deseos:

-          La elección de Constituyentes.

-          La Elección de la CUT.

-          La segunda vuelta de gobernadores en la metropolitana.

Cada una de ella con elementos distintos significa una derrota electoral para nuestras opciones.

La derrota en la CUT es relevante y quizás la más importante para nosotros en términos de significado. El último congreso partidario definió a los trabajadores como sujeto principal de las trasformaciones que vive el país. Incluso ya no hablamos de trabajadores, trabajadoras, ni menos de clase obrera como lo hacíamos en antaño, ahora solamente hablamos de sujeto principal. Una construcción de matriz académica que no operabiliza nuestro trabajo político.

Respecto a la votación de la CUT ¿Cuál fue el despliegue del partido en su campaña y votación? ¿La pérdida de la CUT obedece a crisis de liderazgos nuestros y su agotamiento únicamente? ¿Forma parte del trabajo regular del partido, de sus estructuras centrales, regionales, comunales, celulares el trabajo sindical y de masas?

(La regla de oro del Partido Comunista Portugués, tan parecido al nuestro por historia y consecuencia, ¿No es una referencia de cómo posicionar nuestra relación e incidencia mutua con los trabajadores y trabajadoras? – indica la paridad de trabajadores y trabajadores en la conformación de cada estructura directiva)

Podríamos entonces cuando el conflicto en Chile social y político se origina en una concentración brutal de ingresos en desmedro de los trabajadores, poder representarlos si uno de los contenidos considerados prioritarios no constituye una práctica regular de nuestro trabajo. Creo que todos sabemos que la respuesta es no.

Entonces si la dimensión del conflicto que expresaba la candidatura de Jadue para los sectores dominantes era así de peligrosa como para desatar el más feroz anticomunismo, estábamos en condiciones de acumular las fuerzas necesarias para cumplir con nuestro objetivo de que el compañero Daniel obtuviese una victoria en las primarias. Me parece que la respuesta es no, y fue resuelta de forma práctica.

Por lo tanto, más allá de errores importantes producidos esencialmente en los debates televisivos como fue la legalización de la pasta base y las demás drogas, el conflicto personalizado con periodistas, hubo un diseño de campaña que se originó en un error político de fondo, no entender la verdadera dimensión del conflicto y no encausar la campaña y sus contenidos para la construcción de fuerzas suficientes para contrarrestar la belicosidad del poder y habilidad de la derecha, con su dominio de los medios. Nuestro propio énfasis en la dirección principal de los contenidos relevantes de la franja electoral en lo fundamental demuestra que no lo entendimos en propiedad.

Si alguna causa subyace en esta derrota es esa. No se entendió por los conductores políticos de la campaña el tenor y profundidad de conflicto y no se diseñó una campaña para acumular las fuerzas suficientes para obtener una victoria en ese escenario y eso significaba en ir más allá del voto o cultura de izquierda. En cualquier escenario una campaña que parta de un error de apreciación política, no podrá cumplir con los objetivos planteados por más trabajo territorial que exista, más aun con escasos medios (sin fianzas para ello)

No pudimos motivar y movilizar el voto de la comunas en donde viven los trabajadores para garantizar nuestra victoria en el volumen requerido. No fuimos capaces calar en ellos en la dimensión necesaria. No estamos inserto de forma efectiva o al menos significativa en el mundo popular y mientras así sea, nuestros resultados electorales serán en gran parte una apuesta.

¿Porque si la derecha entiende el fondo y medular del conflicto de clase y logra movilizar, nosotros no?

Las preguntas que deben importar, una vez ocurrida esta situación en lo interno ¿Cómo asumimos esta derrota?

Sin duda lo principal mantener el estado de unidad, movilización y disposición del partido para que la opción que ganó en las primarias pueda converger en un programa compartido de trasformaciones sociales y se obtenga electoralmente una victoria que amplié nuestra representación parlamentaria y en los concejeros gobiernos regionales. Esa es una meta de responsabilidad política inmediata y se expresara en la definición de las candidaturas y listas que deben estar inscritas el 23 de agosto próximo.

Pero hay pregunta internas que son de más largo plazo responderlas y trabajar en las respuestas y no son fáciles de discernir.

¿Cómo logramos re construir el trabajo sindical? ¿Cómo logramos reconstruir nuestro trabajo de masas? ¿Basta la sola perspectiva del trabajo electoral del partido para construir fuerza política o debemos construir fuerza social para las transformaciones a las cuales aspiramos?

¿Por qué si cuando nos definimos como partido feminista y garantizamos la paridad de género en nuestras direcciones, no sucedió lo mismo para garantizar la participación de trabajadores y trabajadoras directos (ver esa distensión en la parte final del testamento de Lenin) en nuestros órganos dirigentes?

¿Por qué en un caso se transforma la estructura y cultura partidaria  y en el otro no se toman medidas prácticas? ¿O es que por asumir que somos el partido de los trabajadores significa de forma automática que los somos y por ende los representamos?

¿Qué tipo de partido estamos construyendo? ¿Electoral? ¿De masas? ¿De los Trabajadores y Feminista?

¿Por qué hoy asumimos que las votaciones no son traspasables de un candidato a otro en una misma unidad electoral?

¿Se construyen proyectos y prácticas de liderazgos personales o partidarias y de masas en el trabajo de nuestras autoridades electas?

¿Ha servido nuestro trabajo electoral y nuestros representantes electos para construir una base social sólida para el movimiento político de trasformación en Chile?

¿Somos un partido de masas, insertos además en ellas? ¿Somos el partido que posiciona el trabajo con el ·sujeto principal· como lo principal del partido?

Las respuestas a esas preguntas son complejas pero necesarias.

Vivimos tiempo de transformación. En Chile tras el enorme estallido social, se ha logrado elegir una Convención Constituyente que es hija una mayoría social y electoral plural con vocación de refundación de este país hacia un modelo distinto, de derechos sociales y políticos garantizados, multicultural.

La derrota de este proyecto de país con una nueva Constitución que lo defina es el gran afán de la derecha chilena, impedir que se obtenga una Carta Magna que consagre otro tipo de configuración del poder político, económico, cultural, social y militar en este país.

Derrotar a Daniel Jadue era importante pues era la forma de separar a los comunistas del rol conductor en ese proceso y lo han obtenido, al menos temporalmente. Por ello esta derrota supera por creces lo electoral y nos permite ver con nitidez tardía el verdadero carácter del conflicto y de los errores que cometimos en su definición, por tanto en su planificación y  que se tradujeron en un resultado adverso.

Fidel alguna definió que la revolución es el arte de sumar. Nosotros no fuimos capaces de sumar todo lo necesario pues esencialmente no entendimos el carácter revolucionario de nuestro desafío pues implicaba un conflicto en la centralidad del poder y no en la lateralidad de una elección más y eso no es un error de contenidos de campaña o lo anecdótico de algunas opiniones del candidato, es un error central de conducción político electoral de fondo.

Lo más importantes es que aun en esta derrota podamos aportar a la elección de un gobierno de Gabriel Boric con sello trasformador, con un programa que garantice eso y con una mayoría social y electoral que lo respalde. Eso es vital para que el impulso revolucionario producido en octubre del 2019, llegue a buen término. Si eso no se produjese, la derecha acumulará fuerzas para lograr su objetivo principal, derrotar en el plebiscito de salida el proyecto de constitución que esta Convención Constituyente proponga  e impedir con ello las transformaciones de fondo que el país requiere.

Es hora que podamos también  discutir con fraternidad de las y los comunistas los temas partidarios de que tipo de partido somos, pues el partido que somos determinará siempre la posibilidad de alcanzar las metas que nos propongamos. Ser un partido feminista, de masas y de los y las trabajadoras debe ser una realidad que se refleje en nuestro trabajo partidario en todos sus ámbitos  y también en nuestra organización interna.


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