Jadue: Una derrota y
razones
Su expresión más clara
es que se cumplió con el objetivo de sacar a los comunistas y a Daniel
Jadue de las elecciones presidenciales de Noviembre. Hoy pese a su popularidad,
la alta votación obtenida, lo novedoso y amplio de su programa está ausente de
la agenda pública que dominan los medios, los mismos que fueron usados para
destruir su opción.
La diferencia de casi cuatros cientos mil votos de ventaja
que obtuvo Gabriel Boric no tiene aún una explicación que pueda ser demostrada
en el origen de ese votante, pero es un dato efectivo que esa cantidad de votos
le da a nuestra perdida una connotación distinta, en una contienda que hace
tres o cuatro semanas parecía imposible de perder.
Después del domingo se han producido dos análisis que merecen
atención. Uno es que no vimos venir los ataques que la candidatura de Daniel
Jadue provocaría y dos, que no podemos aspirar a conducir un proceso de
transformación social sin lograr movilizar al votante popular en las comunas en
donde habitan mayoritariamente.
Ambas opiniones son ciertas, pero merecen algunos
comentarios.
El no ver venir los ataques de la derecha mediática, sus
personeros comunicacionales, redes sociales nos plantea el que no fuimos
nosotros los que comprendimos de forma cabal que una candidatura comunista
significa un peligro efectivo para las clases dominantes no solo locales, sino
globales y desataría su furia en esa escala.
Por tanto el haber entendido esta contienda no como la
expresión de un profundo conflicto sino como una campaña electoral, impedía ver
la situación de fuerzas que se movilizarían para impedirlo. Aun cuando el
programa de Daniel Jadue no fuese revolucionario, sea de contenido post
neoliberales o socialdemócratas para algunos, pose un elemento fundacional que
lo hace una grave amenaza: emana de un candidato comunista.
Gladys Marín respecto a los debates del Pleno del Partido
de 1977 en donde se analizó la derrota del gobierno de la Unidad Popular
plantea: “No se llega, en ese Pleno, a
las causas de fondo del golpe, a la ausencia de una concepción real de poder,
de un conocimiento acerca de las Fuerzas Armadas y del papel del imperialismo
norteamericano, a asumir que una revolución desata fuerzas
contrarrevolucionarias que inevitablemente iban a cerrar el camino a la Unidad
Popular. En fin, todo lo que dice relación con la falta de una concepción
estratégica.
Lo anterior plantea en su elemento constitutivo el conflicto
expresado materialmente en la candidatura de Daniel Jadue y nos planteaba la
necesidad de tener claro una perspectiva de clase que se ha ido disipando en la
medida que entendemos los desafíos políticos como de carácter electoral y de construcción
de proyectos a una escala local, distinta de la dimensión nacional.
¿Entonces si no entendimos el verdadero alcance de la
dimensión del conflicto podíamos de forma correcta conducir, planificar,
organizar y desplegar nuestros esfuerzos en post de una victoria?
Sin duda el despliegue del partido y de no solo los
comunistas fue enorme. Se expresó en la mayoría de las comunas, fue realizado
con entusiasmo, un sentido de unidad y victoria que puso en máxima tensión
nuestras capacidades de trabajo. La gran votación es fruto de ese esfuerzo y de
la propia resonancia de la gestión de Daniel al frente de la comuna de
Recoleta.
Pero hay un elemento que no logramos, sumar la cantidad de
votos suficientes para ganar la elección primaria y esas razones radican en la
segunda explicación que se ha dado: no logramos movilizar, representar y convocar al votante popular que no concurre
a ejercer su derecho, pese a que los contendidos de nuestro programa están
básicamente orientados a ese sector de la población.
¿Nos debió sorprender que eso ocurriese?
No, históricamente la despolitización de la política
promovida para alejar a las grandes mayorías de su participación, al menos
electoral, en las decisiones ha causado que las elecciones posean un
convocatoria que oscila en el mejor de los casos apenas sobre el 50% de los
posibles votantes.
Pero no es la única causa. Al menos tres elecciones previas a
la presidencial nos auguraban un posible resultado distinto a nuestros deseos:
-
La
elección de Constituyentes.
-
La
Elección de la CUT.
-
La
segunda vuelta de gobernadores en la metropolitana.
Cada una de ella con elementos distintos significa una
derrota electoral para nuestras opciones.
La derrota en la CUT es relevante y quizás la más importante
para nosotros en términos de significado. El último congreso partidario definió
a los trabajadores como sujeto principal de las trasformaciones que vive el
país. Incluso ya no hablamos de trabajadores, trabajadoras, ni menos de clase
obrera como lo hacíamos en antaño, ahora solamente hablamos de sujeto
principal. Una construcción de matriz académica que no operabiliza nuestro
trabajo político.
Respecto a la votación de la CUT ¿Cuál fue el despliegue del
partido en su campaña y votación? ¿La pérdida de la CUT obedece a crisis de
liderazgos nuestros y su agotamiento únicamente? ¿Forma parte del trabajo
regular del partido, de sus estructuras centrales, regionales, comunales,
celulares el trabajo sindical y de masas?
(La regla de oro del
Partido Comunista Portugués, tan parecido al nuestro por historia y
consecuencia, ¿No es una referencia de cómo posicionar nuestra relación e
incidencia mutua con los trabajadores y trabajadoras? – indica la paridad de
trabajadores y trabajadores en la conformación de cada estructura directiva)
Podríamos entonces cuando el conflicto en Chile social y
político se origina en una concentración brutal de ingresos en desmedro de los
trabajadores, poder representarlos si uno de los contenidos considerados
prioritarios no constituye una práctica regular de nuestro trabajo. Creo que
todos sabemos que la respuesta es no.
Entonces si la dimensión del conflicto que expresaba la
candidatura de Jadue para los sectores dominantes era así de peligrosa como
para desatar el más feroz anticomunismo, estábamos en condiciones de acumular las
fuerzas necesarias para cumplir con nuestro objetivo de que el compañero Daniel
obtuviese una victoria en las primarias. Me parece que la respuesta es no, y
fue resuelta de forma práctica.
Por lo tanto, más allá de errores importantes producidos
esencialmente en los debates televisivos como fue la legalización de la pasta
base y las demás drogas, el conflicto personalizado con periodistas, hubo un
diseño de campaña que se originó en un error político de fondo, no entender la
verdadera dimensión del conflicto y no encausar la campaña y sus contenidos para
la construcción de fuerzas suficientes para contrarrestar la belicosidad del
poder y habilidad de la derecha, con su dominio de los medios. Nuestro propio
énfasis en la dirección principal de los contenidos relevantes de la franja
electoral en lo fundamental demuestra que no lo entendimos en propiedad.
Si alguna causa subyace en esta derrota es esa. No se
entendió por los conductores políticos de la campaña el tenor y profundidad de
conflicto y no se diseñó una campaña para acumular las fuerzas suficientes para
obtener una victoria en ese escenario y eso significaba en ir más allá del voto o cultura de izquierda. En cualquier escenario una campaña que
parta de un error de apreciación política, no podrá cumplir con los objetivos
planteados por más trabajo territorial que exista, más aun con escasos medios
(sin fianzas para ello)
No pudimos motivar y movilizar el voto de la comunas en donde
viven los trabajadores para garantizar nuestra victoria en el volumen
requerido. No fuimos capaces calar en ellos en la dimensión necesaria. No
estamos inserto de forma efectiva o al menos significativa en el mundo popular
y mientras así sea, nuestros resultados electorales serán en gran parte una
apuesta.
¿Porque si la derecha entiende el fondo y medular del
conflicto de clase y logra movilizar, nosotros no?
Las preguntas que deben importar, una vez ocurrida esta
situación en lo interno ¿Cómo asumimos esta derrota?
Sin duda lo principal mantener el estado de unidad,
movilización y disposición del partido para que la opción que ganó en las
primarias pueda converger en un programa compartido de trasformaciones sociales
y se obtenga electoralmente una victoria que amplié nuestra representación
parlamentaria y en los concejeros gobiernos regionales. Esa es una meta de
responsabilidad política inmediata y se expresara en la definición de las
candidaturas y listas que deben estar inscritas el 23 de agosto próximo.
Pero hay pregunta internas que son de más largo plazo
responderlas y trabajar en las respuestas y no son fáciles de discernir.
¿Cómo logramos re construir el trabajo sindical? ¿Cómo
logramos reconstruir nuestro trabajo de masas? ¿Basta la sola perspectiva del
trabajo electoral del partido para construir fuerza política o debemos
construir fuerza social para las transformaciones a las cuales aspiramos?
¿Por qué si cuando nos definimos como partido feminista y
garantizamos la paridad de género en nuestras direcciones, no sucedió lo mismo para
garantizar la participación de trabajadores y trabajadoras directos (ver esa
distensión en la parte final del testamento de Lenin) en nuestros órganos
dirigentes?
¿Por qué en un caso se transforma la estructura y cultura
partidaria y en el otro no se toman
medidas prácticas? ¿O es que por asumir que somos el partido de los
trabajadores significa de forma automática que los somos y por ende los
representamos?
¿Qué tipo de partido estamos construyendo? ¿Electoral? ¿De
masas? ¿De los Trabajadores y Feminista?
¿Por qué hoy asumimos que las votaciones no son traspasables
de un candidato a otro en una misma unidad electoral?
¿Se construyen proyectos y prácticas de liderazgos personales
o partidarias y de masas en el trabajo de nuestras autoridades electas?
¿Ha servido nuestro trabajo electoral y nuestros
representantes electos para construir una base social sólida para el movimiento
político de trasformación en Chile?
¿Somos un partido de masas, insertos además en ellas? ¿Somos
el partido que posiciona el trabajo con el ·sujeto principal· como lo principal
del partido?
Las respuestas a esas preguntas son complejas pero
necesarias.
Vivimos tiempo de transformación. En Chile tras el enorme
estallido social, se ha logrado elegir una Convención Constituyente que es hija
una mayoría social y electoral plural con vocación de refundación de este país
hacia un modelo distinto, de derechos sociales y políticos garantizados,
multicultural.
La derrota de este proyecto de país con una nueva
Constitución que lo defina es el gran afán de la derecha chilena, impedir que
se obtenga una Carta Magna que consagre otro tipo de configuración del poder
político, económico, cultural, social y militar en este país.
Derrotar a Daniel Jadue era importante pues era la forma de
separar a los comunistas del rol conductor en ese proceso y lo han obtenido, al
menos temporalmente. Por ello esta derrota supera por creces lo electoral y nos
permite ver con nitidez tardía el verdadero carácter del conflicto y de los
errores que cometimos en su definición, por tanto en su planificación y que se tradujeron en un resultado adverso.
Fidel alguna definió que la revolución es el arte de sumar.
Nosotros no fuimos capaces de sumar todo lo necesario pues esencialmente no
entendimos el carácter revolucionario de nuestro desafío pues implicaba un
conflicto en la centralidad del poder y no en la lateralidad de una elección
más y eso no es un error de contenidos de campaña o lo anecdótico de algunas
opiniones del candidato, es un error central de conducción político electoral
de fondo.
Lo más importantes es que aun en esta derrota podamos aportar
a la elección de un gobierno de Gabriel Boric con sello trasformador, con un
programa que garantice eso y con una mayoría social y electoral que lo
respalde. Eso es vital para que el impulso revolucionario producido en octubre
del 2019, llegue a buen término. Si eso no se produjese, la derecha acumulará
fuerzas para lograr su objetivo principal, derrotar en el plebiscito de salida
el proyecto de constitución que esta Convención Constituyente proponga e impedir con ello las transformaciones de
fondo que el país requiere.
Es hora que podamos también
discutir con fraternidad de las y los comunistas los temas partidarios
de que tipo de partido somos, pues el partido que somos determinará siempre la
posibilidad de alcanzar las metas que nos propongamos. Ser un partido
feminista, de masas y de los y las trabajadoras debe ser una realidad que se
refleje en nuestro trabajo partidario en todos sus ámbitos y también en nuestra organización interna.

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