Desde
probablemente hace más de treinta años, cuando el éxodo a otras tiendas, de
notorios dirigentes del partido de
entonces, tras la caída de la Unión Soviética y la crítica soterrada
a la política de rebelión
popular y el no aceptar
el cambalache de las condiciones de la nueva democracia, que el partido no sufría una operación tan
basta destinada a influir en sus decisiones,
a lograr un cambio en sus autoridades y demoler además jurídicamente a una de sus figuras
principales y con ello, nuestra
solides moral y todo sucede en medio de los debates del 27
Congreso del Partido.
Si no nos gusta
el salvataje de las Isapres, estamos mal y somos trogloditas. Si no nos gusta el acuerdo Codelco Soquimich es que
no entendemos las enormes ventajas de perder
las posibilidades de obtener
mejores condiciones en una licitación pública internacional. Si creemos que no podemos
terminar aprobando una Reforma Previsional a la medida de las AFP, para
que se lleven el nuevo aporte del 6% es que estamos
anclados en una visión derrotada de la sociedad. Si no nos gusta que Chile respalde y participe a una cumbre
atlantista sobre la guerra en una Ucrania en donde los nazis, nuestros adversarios históricos, se pasean por todas
partes, es que nos quedamos pegados a
la guerra fría y a la nostalgia soviética y se invoque la defensa a la
soberanía a la par que suscribimos un TTP nos parece una sumisión a un pacto que lesiona nuestra independencia y será
causal de comprometer el avance de los derechos
sociales es porque somos unos termocéfalos contrarios al libre mercado
y al bienestar que nos traerá el poder omnímodo
de las grandes corporaciones por sobre el de nuestros gobiernos.
¿Por qué
tendríamos que callarnos y dejar de ser nosotros? ¿Hasta dónde debemos ceder y hasta donde algunos están
dispuestos a ceder para ser aceptados? ¿Somos un daño al gobierno
por tener una identidad
histórica? ¿Debemos renunciar a ella para que nos acepten, nos quieran y no nos golpeen desde quienes suponemos
nuestros aliados? ¿Opina nuestro partido sobre los problemas
de otros partidos? ¿Buscamos como cazas fantasmas, las almas de los otros
partidos?
¿Quiénes
celebran cada diferencia expuesta en los medios? ¿Nuestros militantes de base, los que hacen la pega de calles, los que
nos tienen en gran medida en donde hemos llegado? ¿O los que qué nos quieren
dividir y que cambiemos nuestro
derrotero histórico? ¿La cosmovisión ideológica de nuestros aliados
nos representa? ¿Debemos
cambiar para que no se sientan incomodos con nosotros?
Tenemos un gran enemigo
al frente y eso exige una flexibilidad táctica y la generosidad
que siempre hemos tenido, pero ¿Qué es lo que ha causado, no aquí, sino en
todo el mundo el auge de la extrema derecha? ¿La consistencia ideológica de
ellos y sus propuestas o la debilidad
nuestra para enfrentar los problemas de una sociedad que no conoce la estabilidad y se siente severamente
amenazada por múltiples factores, naturales al
sistema económico y político
en que vivimos?
Fui un partidario de primera hora de la perostroika, me parecía imprescindible que se produjesen cambios en los países socialistas. Viví largos años en ellos y pese a ser un internacionalista nunca fui ciego a esas cosas que parecían dañar el desarrollo del socialismo. Alguna vez escribí con toda la crudeza y honestidad posible sobre aquello. Mi padre, un viejo comunista alguna vez me dijo: está bien eso de cambiar, pero hay que saber que puede que un día no quede nada de lo que quieres mejorar. Y fue así, una buena intención, mal construida y peor ejecutada se puede llevar todo
Debemos parar este proceso
de enfrentamiento público.
Hay un Congreso en marcha.
Debemos respetar el proceso que las células y comunales están llevando.
Allí también hay conciencia crítica
y quizás la más importante porque allí está el trabajo de calle, de campañas, de masas, del partido que milita regularmente y no la práctica de una militancia de laissez faire ocasional.
Nuestro partido requiere el respeto en primer lugar de nosotros
mismos. Es el partido de Gladys Marín,
Luis Corvalán, Guillermo Tellier, Víctor Díaz, Galo González, Ricardo
Fonseca, Elías Laferte, Pablo Neruda,
Mireya Baltra, Julieta Campusano, Reinalda Pereira, Cristina Carreño que no puede diluirse en el
correctísmo de ocasión con el que
quieren que abandonemos nuestra construcción histórica, terminemos con su definición orgánica, su conformación ideológica y, en
definitiva, de continuidad a las causas por las que tantos y tantas comunistas dieron sus vidas.
En esta historia hemos puesto nuestras almas y nuestras vidas por esa misma razón hoy debemos defender a nuestro partido de quienes nos aconsejan o buscan en ese adaptarnos a las actuales condiciones, lo entiendan o no, lo busquen o no, lo que algunos desde hace tanto tiempo desean y se esfuerzan: nuestra derrota histórica mediante la renuncia a lo que somos.
Yo quiero
seguir jugando a lo perdido
Yo quiero ser a la zurda más que diestro
Yo quiero hacer un congreso del unido
Yo quiero rezar a fondo un "hijo
nuestro"
Galvarino Melo S. 10/07/2024
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